Comentario a la Palabra de hoy

En esta sección cada día es posible encontrar una reflexión sobre el Evangelio del Día.

Domingo, 23 marzo 2025

Tercer domingo de Cuaresma – Ciclo C

Palabra del día
Evangelio de Lucas 13,1-9

Cambiar modo

¿Por qué Pilato ha masacrado aquellos hombres píos en el acto de sacrificar unos animales en el templo durante la fiesta, por qué ha mezclado su sangre con aquello de los animales? ¿Y los que han quedado aplastados debajo de la torre, por qué ellos? ¿Por qué debajo de la torre?
¿Por qué el mal? ¿Por qué las desgracias, el hambre, las guerras, los incidentes? ¿De quién es la culpa? ¿De Dios, del destino, de los accidentes, del hado, de la mala suerte, del caso?
Les aseguro que no, y si ustedes no se convierten, todos acabarán de la misma manera, literalmente: No, les digo, sin embargo si no cambian de pensamiento moriréis todos de la misma manera. La respuesta de Jesús es cristalina. Jesús está clarísimo, y no son posibles interpretaciones: depende de nuestra manera de pensar y, propio porque depende de nuestra manera de pensar, él nos invita calurosamente a cambiarla.
Es nuestra manera de desear que conduce los eventos, que crea las situaciones, que hace de manera que se enganchen acciones y reacciones en cadena que pueden llevar a un resultado agradable o desagradable para la vida del hombre. Pensar que un período de la vida sea difícil significa desear que el período no sólo sea difícil, sino también que permanezca tal. Pensar con ansiedad a un examen es como desear que vaya mal, es desear que posiblemente se nos formulen preguntas a las cuales no sabemos responder, es determinar una cierta contracción de los músculos de la cara, una mirada triste, una caminata deprimida, un tono de la voz desafortunado.
Es nuestra manera de pensar que revela nuestra manera de desear, nuestra manera de tener fe, de creer en las cosas.
Leer el horóscopo es como desear que un desconocido de un periódico cualquiera, de una ciudad cualquiera, conduzca mi vida, mis intereses, mis afectos con sus perfectas casuales imbecilidades.
¿A qué vida podrá conducir poner tanto ardor, pensamientos y deseos, dinero porque pueda ganar el equipo del corazón? ¿Qué bienestar, qué riqueza, qué calidad de la vida puede derivar del desear que otro gane, que otro sea rico, sea feliz? De hecho lo que ocurre es que millones de personas viven en un estado de estrechez y de incomodidad para pagar millones de euro porque otros jueguen corriendo detrás de una pelota, se enriquezcan, habiten en villas inmensas y puedan gustar una vida en el bienestar. Es de una estupidez cósmica.
Dios desea con todo el corazón que nosotros seamos felices, y nosotros en cambio transcurrimos toda la vida a desear y a buscar de no decepcionar las expectativas de los demás. ¿Podremos jamás ser felices así?
Tratar de volverse ricos a través de una quiniela afortunada es una cierta manera de desear, es desear de no tener nunca en mano la propia vida, es desear de no querer entrar en absoluto en contacto con la construcción de la propia felicidad, es desear de no querer participar de ninguna manera al propio bienestar. Es importante como pensamos, es absolutamente determinante.
Desear de vivir en el bienestar y en la alegría no significa pensar a una vida llena de paliativos y gratificaciones hedonísticas. El deseo tiene sentido y tiene fuerza si está en el sentido del todo, si está en armonia con la finalidad del todo y del Uno, si es según los deseos de Dios.
Desear vivir en el bienestar y en la alegría es cambiar la manera de pensar, es pensar según Dios que nos quiere maravillosamente ocupados y felices en este mundo grandioso y hermosísimo donde todo es rico, gratuito, lozano.
Es dialogar interiormente con toda gratitud en toda ocasión de la vida, aun cuando las cosas no van como nosotros deseamos. Es estar siempre inmensamente agradecidos a la vida que también a través de los fracasos y de las dificultades nos demuestra como las cosas van exactamente según la fuerza, la gracia y la divinidad de nuestros deseos.
Inmensamente agradecidos a la vida y a la providencia de Dios Padre que nos dona siempre nuevas oportunidades y tiempo para aprender a volver nuestros deseos más grandes y potentes, nuestra fe sin dudas. Inmensamentes agradecidos a la gracia del Santo Paráclito que instante por instante nos está preparando, nos está entrenando, nos está enseñando a cambiar los pensamientos y el corazón para estár listos a desear todo bien en esta tierra, porque sólo si lo deseamos verdaderamente el Padre podrá llenarnos de todo bien. Inmensamente agradecidos a Jesús, que, aun donde en nosotros no encuentra buenos frutos, insiste en no cortar el árbol aun si parece un árbol inútil, es más, insiste paciente y dulcemente a cultivar, regar, abonar el campo de nuestros deseos y de nuestra manera de pensar.