Comentario a la Palabra de hoy

En esta sección cada día es posible encontrar una reflexión sobre el Evangelio del Día.

Lunes, 1 junio 2026

Novena semana del Tiempo Ordinario

Palabra del día
Evangelio de Marcos 12,1-12

La cruz, último aviso

¿Cuáles son las condiciones necesarias para que una persona, divisando de la orilla de un río en crecida a un desafortunado que forcejea en el fango, arrastrado por la corriente, lo arriesgue el todo por el todo, echándose en el río para salvarlo?
Primero. Debe tener en el corazón el amor, las ganas, la fuerza de salvar el desafortunado, aunque es perfectamente conciente que en aquellas condiciones mete en peligro casi seguramente su propia vida.
Segundo. La situación de peligro de quien está braceándose entre las olas está tan al límite que no deja claramente otra posibilidad de salvación: o la intervención arriesgada o la muerte cierta de quien está a punto de ser arrastrado lejos por la corriente.
No se pone en peligro la propia vida, si no cuando la vida por salvar está en una situación tan desesperada que no deja otras posibilidades. Por la misma razón, Dios Padre ha pedido a sus profetas que arriesgaran su propia vida para avisar a una humanidad desesperada que se estaba ahogando, arrastrada lejos en el barro y en la corriente de Satanás. Sabía que la humanidad reaccionaría a estas llamadas divinas con violencia y estupidez, pero la situación del hombre y la predilección de su amor no dejaban otra salida.
Así ha sido para Jesús. Jesús no habría aceptado el riesgo total de la propia vida terrena, si no por causa de la situación desesperada del hombre. Jesús, en su sorprendente calma y amabilidad, no ha venido a dar un paseo sobre la tierra, sino ha venido para salvarnos, para arrancarnos de la devastación. Mientras la corriente tempestuosa de la crecida fangosa de Satanás estaba barriendo fuera la humanidad, Jesús se ha zambullido por nosotros con todo él mismo, para revelarnos las vías de la liberación y de la salvación, sabiendo bien que habría arriesgado ser torturado y matado por los mismos que estaba intentando salvar. Jesús se ha zambullido por nosotros y su zambullida, tan peligrosa en la historia de la humanidad, revela claramente su amor y su fidelidad, pero también la desesperada situación en la que la humanidad está braceando sin saberlo.
La cruz y la resurrección son, sí, signo de un poderosísimo e invencible acto de amor, pero son también el último aviso para unos náufragos a la deriva.