Comentario a la Palabra de hoy

En esta sección cada día es posible encontrar una reflexión sobre el Evangelio del Día.

Viernes, 26 junio 2026

Duodécima semana del Tiempo Ordinario

Palabra del día
Evangelio de Mateo 8,1-4

Es el único

¿Quién entre los hombres puede decir a un leproso: yo quiero que tu sea purificado, y tener, al mismo tiempo, la potencia de hacer desaparecer al instante la lepra? ¿Quién entre los hombres puede hacer coincidir al instante el propio querer y la realización del propio querer, hasta semejante nivel? Ningún médico en el mundo, ningún hombre de ciencia, de poder, de cultura puede decir a un leproso: yo quiero que tu sea purificado, y ver al instante desaparecer la lepra. Nadie en el mundo lo puede hacer.
Un gran número de hombres iluminados y santos, en toda sinceridad y con corazón puro, ha deseado donar salvación y sanación integral a la humanidad, pero no ha sido capaz ni de salvar a la humanidad de su mal, ni de sanar a la humanidad de sus males. Un número aun más grande de hombres, para nada sinceros y amantes de la humanidad, promete continuamente a la humanidad cosas que no mantiene, simplemente porque no tiene ninguna intención de mantenerlas. ¿Cuántas promesas de salvación y bienestar hacen los hombres a los otros hombres, promesas que no son capaces de mantener? Es más, ¿cuántos hombres de poder viven exclusivamente para proclamar sus altisonantes voluntades benéficas en favor de los pueblos y de las naciones, sin ser capaces de realizar nada para el verdadero bienestar del hombre? ¿Cuál imperio, reino, poder, religión de los hombres no ha hecho de la promesa de todo tipo de bien y felicidad para la humanidad el corazón mismo de la propia organización y el resorte de la propia supremacia? Además, ¿cuál imperio, reino, poder, religión de los hombres ha realizado y conseguido para los pueblos los bienes que había prometido con tanta énfasis y vehemencia? En el sonido y en la esencia, la respuesta de Jesús al leproso, Yo quiero, tiene algo de maravilloso, de radioso, de completamente nuevo, absolutamente pacificador, relajante, benéfico, alentador.
Jesús es el único que puede decir Yo quiero, no sólo porque es el único que puede realizar inmediatamente lo que afirma en su querer, sino sobre todo porque es el único que desea real y verdaderamente la purificación, la liberación, la sanación, la salvación, la evolución luminosa de la humanidad.
Cuando la humanidad se volverá consciente que a ningún gobierno, a ninguna institución, a ningún imperio, a ninguna estructura religiosa, a ningún sistema económico, cultural, ideológico humano interesa realmente la salvación y la sanación integral del hombre, hará un gigantesco salto evolutivo e iniciará a comprender que hay un sólo nombre en el cual el hombre puede encontrar salvación y sanación completa del hombre: Yeshua, aquel que sana y salva. Él es el Uno, el Único.