Comentario a la Palabra de hoy

En esta sección cada día es posible encontrar una reflexión sobre el Evangelio del Día.

Jueves, 16 julio 2026

Decimoquinta semana del Tiempo Ordinario

Palabra del día
Evangelio de Mateo 11,28-30

Mansedumbre

Siguiendo paso a paso todo el evangelio y el comportamiento de Jesús, podemos recoger y describir con precisión lo que es la paciencia, lo que es la verdadera bondad, lo que es el amor, lo que es realmente perdonar y vencer el mal y la rabia; lo que es verdaderamente seguir el libro de la alegría y realizar la felicidad. La mansedumbre es no irritarse por los malvados, la mansedumbre es no envidiar a quien realiza la estafa. Mansedumbre es no mirar sólo con los ojos para entender, es tener una visión tan amplia como para comprender que el mal no tiene real subsistencia y es arrancado a toda prisa. Mansedumbre es confiar en Dios y cumplir, según las propias fuerzas, el bien. Mansedumbre es alimentarse de fe y de Palabra de Dios hasta que se radica en la tierra. Mansedumbre es alegrarse en Dios siempre y siempre agradecer, sin nunca, absolutamente nunca pensar mal de él. A quien es dócil, Dios dará los pedidos de su corazón, realizará todos sus deseos con perfección y eficacia absolutas. Mansedumbre es confiar a Dios la propia vía, confiar en él porque él actúa y realiza. Mansedumbre es quedarse callados, cuando el enemigo golpea y calumnia, estar en silencio y en amorosa meditación ante Dios; mansedumbre es quedarse en espera amante ante Él. Mansedumbre es no irritarse nunca con el hombre que practica engaños y con aquellos que hacen prosperar sus vías malvadas, mansedumbre es no bajar nunca en competición con aquellos que tienen éxito y fama, y no perseguir la vanidad de la gloria y la tensión de la ambición. Mansedumbre es retenerse de la ira. Mansedumbre es abandonar, suspender, deponer, olvidar, soltar, desenganchar, desatender, truncar la cólera. Es dejar ir conscientemente y con amor lo que ya se ha ido o ya nos han quitado. Irritación y competición hacen siempre daño, hacen siempre mal, nos hacen siempre mal. Mansedumbre es saber perfectamente y sin dudas, en la propia inteligencia, que los malvados son cercenados y derribados, su lugar desaparece en un instante. En cambio quienes tienen fe en Dios heredan y poseen realmente la tierra. La mansedumbre es rica de las energías de la tierra y goza de una paz dentro y fuera sin posibilidades de ser medida.
El paciente es quien no responde al mal con el mal; el paciente, el dócil, es quien no responde contra la propia voluntad, no se somete a los hombres, sino a la voluntad de Dios. El dócil es aquel que ante las injusticias no contesta con la fuerza de la injusticia y de la rabia, sino con otra fuerza, la fuerza invencible del deseo de la paz. El dócil no está triste nunca, es aquel que mantiene el gracias del corazón y de la mente por encima y más allá de toda posible realidad. El dócil no está resignado, es aquel que no deja nunca de desear los deseos de Dios, deseos de paz y de acogida, también cuando todo y todos parecen emanar conflicto y rencor. A este punto la etimología de la palabra es significativa: el griego pràus, "dócil", origina de hecho de la antigua raíz sánscrita pri, "amar", y se halla también en el acadio parru, "cordero". El significado originario es "amante, regocijador/regocijadora, amigo". Es el dócil en el sentido de dulce, amoroso. El dócil no sólo es aquel que ama, sino el amante, siempre y siempre con la sonrisa.